¿Cuántos potenciales clientes identificaste este año… y nunca les escribiste?
No porque no pudieras ayudarlos.
No porque no fueran buenos prospectos.
Sino porque pensaste:
“No quiero molestar.”
Entonces no mandaste el mensaje.
No empezaste la conversación.
Y nunca descubriste si esa persona tenía justamente el problema que vos resolvés.
Esto lo escucho bastante de coaches y consultores.
Tienen experiencia.
Saben que pueden aportar valor.
Incluso tienen identificadas empresas o personas con las que les gustaría trabajar.
Pero cuando llega el momento de tomar la iniciativa, aparece el freno:
“No quiero parecer vendedor/a.”
Y ahí hay un costo que casi nunca medimos.
El de todas las conversaciones comerciales que nunca existieron.
Porque para evitar un posible rechazo, también estás evitando un posible sí.
Prospectar no significa escribirle a 100 personas:
“Hola, vendo X. ¿Querés una reunión?”
Significa identificar personas a las que realmente podrías ayudar y abrir una conversación.
Preguntar.
Entender qué está pasando.
Descubrir si existe un problema.
Y solamente si existe, avanzar.
Algunas personas no van a responder.
Otras te van a decir que no.
Pero entre todas esas conversaciones también puede estar tu próximo cliente.
Por eso la pregunta no es solamente:
“¿Qué pasa si molesto a alguien?”
También deberías preguntarte:
“¿Cuántas oportunidades estoy perdiendo por nunca iniciar la conversación?”
En este video te muestro cómo dejar de usar LinkedIn de forma pasiva y convertirlo en un activo comercial que genere oportunidades de negocio.
