Ese fue el mensaje que le llego a Dago. Un cliente de México con el que trabajo 1:1 que empezó a publicar en LinkedIn hace 1 mes.

Nada viral.
Nada “explosivo”.
Nada de miles de likes.

Solo claridad.

Cuando empezamos, su situación era simple:

Tenía experiencia.
Tenía resultados.
Tenía clientes satisfechos.

Pero en LinkedIn no decía nada concreto.

Su perfil era correcto, pero vacío.
Su mensaje era amplio, hablaba de todo.
Su contenido era esporádico, una semana sí, a la otra no.

No estaba mal.
Pero tampoco estaba posicionado.

Lo que hicimos fue mucho más simple de lo que imaginás:

  1. Definimos con precisión a quién le hablaba.

  2. Ajustamos su mensaje central a un problema específico.

  3. Reescribimos su perfil como si fuera una página de ventas.

  4. Empezó a publicar con foco en qué quería leer su cliente objetivo.

No cambiamos su experiencia. Cambiamos cómo la comunicaba.

Durante ese mes:

No perseguimos viralidad.
No buscamos likes.
No hicimos hacks raros.

Solo repetimos el mismo mensaje desde distintos ángulos.

Hasta que pasó lo inevitable.

Una líder ejecutiva vio varios de sus posts.
Entró a su perfil.
Entendió exactamente qué hacía.
Y le escribió.

Eso es posicionamiento.

No es suerte.
No es algoritmo.
No es timing mágico.

Es claridad repetida.

En cada post:

Le habla a 1 público.
Trata 1 tema o problema.
Brinda 1 o más lecciones/soluciones.
Deja al final 1 llamado a la acción concreto.

Ni más ni menos.

Si hoy alguien entra a tu perfil o ve tu contenido, ¿entiende exactamente qué problema resolvés y para quién?

Si la respuesta es “más o menos”, ahí está la oportunidad.

Nos vemos el próximo miércoles.
Mateo

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