Hace unos días una consultora empresarial me mandó el mensaje que estaba usando para contactar empresas por LinkedIn.
Me preguntó:
"¿Por qué nadie me responde?"
Lo leí una vez.
Y tardé menos de 30 segundos en encontrar el problema.
Este era el mensaje:
“Hola, ¿cómo estás?
Soy psicóloga laboral y consultora independiente especializada en selección y evaluación de personal.
Acompaño a empresas en sus procesos de búsqueda de talento, realizando entrevistas por competencias, evaluaciones psicotécnicas e informes adaptados a cada posición.
Si en algún momento necesitan apoyo en búsquedas o evaluaciones, me encantaría conversar y contarles cómo trabajo.”
No era un mal mensaje.
Pero tenía tres errores que veo una y otra vez.
1. Hablaba más de ella que del cliente.
Cuando alguien recibe un mensaje en frío, la primera pregunta que se hace es: "¿Y esto qué tiene que ver conmigo?"
Si los primeros renglones hablan de vos, de tu trayectoria o de tu servicio, es muy fácil que pierda el interés.
2. Intentaba vender antes de entender si existía un problema.
Todavía no sabía si esa empresa necesitaba ayuda.
Sin embargo, ya estaba ofreciendo su servicio.
Es como intentar cerrar una venta antes de hacer la primera pregunta.
3. No daba una razón para responder.
Terminaba con: "Si en algún momento necesitan apoyo..."
Eso no invita a una conversación.
Una buena prospección termina con una pregunta específica.
Porque el objetivo del primer mensaje no es vender.
Es conseguir una respuesta.
Si hoy sentís que enviás mensajes pero las conversaciones nunca arrancan... respondé este mail o agendá una reunión.
Revisamos tu estrategia de prospección y vemos qué está frenando las respuestas.
Muchas veces no hace falta escribirle a más personas.
Hace falta cambiar un par de cosas en el primer mensaje.
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