Hay un tipo de persona que casi nunca comenta. Yo lo llamo “el prospecto fantasma”.
No comparte.
No reacciona.
Y muchas veces tampoco te sigue.
Pero lee (si, es un poco creepy).
Lee tus publicaciones.
Entra a tu perfil.
Vuelve semanas después.
Y cuando finalmente te escribe, sentís que apareció "de la nada".
En realidad, hace tiempo que te venía observando.
Uno de los errores más comunes en LinkedIn es pensar que el impacto de un post termina cuando deja de recibir likes.
Para un potencial cliente, muchas veces ahí recién empieza.
Porque no consume LinkedIn como un creador.
Lo consume como alguien que está intentando responder una pregunta:
"¿Esta persona realmente sabe resolver el problema que tengo?"
Y esa respuesta no suele llegar con un solo post.
Se construye a través de la repetición.
De leer varias ideas tuyas.
De empezar a asociarte con un problema específico.
De recordar tu nombre cuando ese problema aparece.
Por eso, muchas de las mejores oportunidades no nacen de un post viral.
Nacen de publicar de forma consistente sobre los problemas correctos.
En el video de abajo explico la estrategia que usamos para que el contenido no solo consiga visualizaciones, sino que construya autoridad y termine generando conversaciones con potenciales clientes:
